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jueves, 4 de junio de 2009

Los huapangueros tamaulipecos: 6° Festival del Huapango en Antiguo Morelos


Esta vez, y gracias a Jacobo Castillo por la invitación, el llamado fue para acudir a Tamaulipas, allá por el sur de ese estado, muy cerca del emblemático Cerro del Bernal, al sur de la bella Ciudad Mante, cruzando la Sierra de Cucharas y de El Abra, tierra cálida circundada por ríos que nacen ahí y junto con la brisa marina que llega del Golfo de México le dan vida a la región que como todas las huastecas es amable, pacífica y trabajadora.

Es ya la sexta ocasión que los habitantes de Antiguo Morelos celebran, dentro de la feria anual, un encuentro de huapangueros. Esta festividades se dan en honor al aniversario de la repoblación del lugar el 19 de marzo de 1920, luego de dos años de abandono con motivo del ataque del jefe militar anticarrancista Saturnino Cedillo de 1918, en momentos en que se enfrentaban villistas y carrancistas por todo el país. Es también esa fecha cuando se celebra a San José, patrono del templo principal del lugar.



Nuestro amigo Jacobo Castillo, artesano y violinista del Trío Los Cómplices me comentó que en un principio, el apoyo institucional para las actividades relacionadas con el huapango eran descartadas por la autoridad municipal, pero ellos, los organizadores, siguen firmes haciéndolo y muestra importante fue que la fiesta del 21 de marzo en la plaza de Antiguo Morelos no quería terminar ni de madrugada y en cambio el palenque de la feria lucía semi-vacío. Al día siguiente, en el ejido México Nuevo del mismo municipio, nuevamente los huapangueros y bailadores se volvieron a reunir para seguir en la fiesta.

El Trío Renacer Huasteco de González Tamps., con Norma Edith Zúñiga al violín
Antonia Valdez Flores, de Pánuco, Ver.

A veces en Antiguo Morelos también se gusta de la música norteña, no están lejos de Coahuila, el norte de San Luis Potosí o Nuevo León, adonde es justificado este gusto, pero es de llamar la atención cómo en este lugar se aferran al huapango y no olvidan su historia y entorno cultural, en la región existen varios tríos de huapangueros pues es la música que no puede faltar en ninguna fiesta. Es pues una digna población huasteca que defiende sus costumbres como ningún otro lugar de Tamaulipas.
Pasión Vallense, cuatro jóvenes de Ciudad Valles, S.L.P.

La organización de este festival es comandada por Abelardo Castillo, promotor cultural y cronista de Antiguo Morelos, valga un reconocimiento a su cansada pero gratificante labor. La conducción del festival estuvo a cargo del Lic. Pedro Castillo Ríos, locutor jubilado de radio de Ciudad Mante y del queridísimo Miguel Compeand.

El pasado sábado 21 de marzo el 6° Festival del Huapango de Antiguo Morelos contó con la participación, entre otros artistas de: Los Caporales del Pánuco, Esperanza Zumaya y Antonia Valdez Flores (ambas también de Pánuco, Ver.), Miguel Compeand, Los Misogónicos de Tancanhuitz, el Trío Renacer Huasteco de González, Tamps. como siempre con la guapa Norma Zúñiga en el violín; El cuarteto de jóvenes denominado Pasión Vallense y el Nueva Herencia, integrado por cuatro niños, hijos de Camilo de los Camperos de Valles, quienes mostraron alegres su vocación y gusto por el huapango.

Ramón Chávez, "El Jaranero", de Ciudad Madero, Tamps.

Estuvo también el momento animado y gozoso en el que Ramón Chávez, "El Jaranero" puso al público a bailar a la gente con sus temas "La Jaibita" y por supuesto "El Zacahuil". Fue después el turno de otro trío tamaulipeco Los Balderas, de Ocampo, Tamps. y más tarde otra tamaulipeca bien ponderada Soraima Galindo, quien esta vez no inició acompañada de sus huastecos, lo hizo acompañada de sus hijas Cecy de cinco años y Lupita Soraima de siete, ambas ya saben lo que vale un escenario y la voz, además de que Lupita ya toca el violín. Siguieron Los Gallitos del Bernal, un trío capaz de levantar buen ambiente, lo cual he constatado en otros lugares adonde los he escuchado.
No podía faltar don Enrique López, bailador de Pacula, Hgo.


Cecilia y Lupita, hijas de Soraima Galindo


Erasmo Linares y sus Rebeldes, de Ciudad Valles, S.L.P.

Otro artista que vale la pena reconocer es Erasmo Linares, quien ya llevaba horas trovando en la plaza, pero al llegar al escenario junto con su Trío Los Rebeldes, de Ciudad Valles, interpretó magistralmente La Leva y el Cielito Lindo. Tuve también el placer de encontrarme con Lázaro López, desde mi gusto uno de los mejores violinistas hidalguenses, es de Pisaflores, de esa charla será el próximo artículo.





Nueva Herencia, integrado por los hijos de Camilo Ramírez, violinista de Los Camperos de Valles





En el video podemos apreciar la participación de: Trío Renacer Huasteco, Ramón Chávez, Nueva Herencia (los hijos de Camilo de los Camperos de Valles) y de Soraima Galindo con sus hijas Cecy y Lupita. El público es un juez implacable, pero les aseguro que al oir a estos niños y niñas, estuvo atento y gozoso.

Qué comer

De la comida, como siempre variada y deliciosa, unas tortas de la barda, una migada o unos taquitos, de esos que son como un dedo, hechos de tortillas color rojo. Les recomiendo en Ciudad Mante pasar a Antojitos La Colimeña, aunque su nombre evoca otras tierras, la comida es autenticamente huasteca, sólo que los propietarios son una familia de Colima y Jalisco.

















Para conocer más de la maravillosa gente de Antiguo Morelos, les recomiendo la página de Marvin: http://antiguo-morelos.blogspot.com/

martes, 19 de mayo de 2009

La adoración del Señor de Chalma durante el Carnaval

Hay algo curioso en el sincretismo en torno al Carnaval, en un significado prehispánico, Xipe Totec, dios de la fertilidad, era celebrado poco antes del inicio de la primavera, cuando la tierra reverdece y cambia de piel; esto sucedía en una ceremonia denominada Tlacaxipehualiztli, que significa “desollamiento de hombres”. Los hombres que eran sacrificados se volvían dioses y otros hombres comían de esa carne, creían que con ello absorbían su valentía. En el caso de los otomíes este sacrificio no era humano, se hacía con perros (Guerrero, 1986). La creencia cristiana y la creencia prehispánica casi coinciden de fecha.

La idea que tenemos de la festividad denominada Carnaval normalmente es de regocijo, fiesta y desenfreno, es comprendido como el momento licencioso antes de un largo periodo de días de guardar, el festinar consumiendo carne, misma que no estará permitida hasta pasada la Semana Santa. Pero hay una singularidad entre las comunidades otomíes de la Sierra Madre Oriental, en entidades como Hidalgo, Veracruz y Puebla, en donde también fue el Reino de Huastecapan (lo que hoy conocemos como Huasteca), es el Carnaval también una tradición pagana. Es muy especial el caso de la Sierra Tepehua, en San Bartolo Tutotepec, en donde se venera al Señor de Chalma.

Como pudimos ver en el artículo anterior, la gente que participa en el Carnaval de San Bartolo Tutotepec lo hace disfrazándose de diversas formas, bailan y beben, escuchan la música, la fiesta se da en el seno de sus comunidades y la cabecera municipal. La fiesta inicia el domingo en cada barrio o comunidad de ese municipio, el lunes las comunidades se reúnen en la cabecera municipal integrando una gran cuadrilla. Pero el Martes de Carnaval es el día más importante de la semana, ese día se hace una ceremonia y una pequeña peregrinación a el Señor de Chalma, patrono de la fiesta de Carnaval. En dicha ceremonia participan mayormente las mujeres y al frente de ellas el mayordomo, quien acaba de asumir esa misma semana el compromiso de organizar la fiesta.

Las imágenes y video son testigo de cómo se celebra el Martes de Carnaval en la comunidad otomí de El Mavodo, un lugar situado en lo alto de una montaña, en las fotos pueden apreciar cómo a un costado de la iglesia hay un peñón (justamente ése es un mavodo, cuya definición en lengua otomí es: piedra de color negro), Santiago Alejandro, uno de los pobladores, me dice que ahí hay una caverna que apenas se han atrevido a explorar pues su entrada está tapada con piedras. Más arriba está otro cerro en donde han plantado el palo del volador.

Llegamos a El Mavodo justo en el momento en que Andrés San Agustín dejaba su cargo de mayordomo a Feliciano Flores, ser mayordomo es todo un honor para un miembro de la comunidad, dura un año y dentro de ese honor está el hacer todo el gasto que conlleva la fiesta; Félix Chávez, Secretario de Turismo del ayuntamiento me comenta que tal compromiso hace que muchos pobladores vayan a Estados Unidos a trabajar por un periodo de tiempo para poder pagarla. La mañana del martes un grupo de pobladores prepara una barbacoa, las mujeres también preparan alimentos como el mole, tortillas y arroz, en otro lugar del pueblo hay unos artesanos preparando el castillo de fuegos artificiales, por otro lado van llegando un trío huasteco y una numerosa banda de viento; todo lo paga el mayordomo. Algunos jóvenes de la comunidad están todavía dormidos pues la noche anterior estuvieron bailando y bebiendo disfrazados por horas.

Al mediodía la ceremonia pagana comienza en la casa del mayordomo entrante, un chamán o brujo hace los rezos ante un altar y diversas ofrendas de flores y comida, la pequeña y antigua imagen del Señor de Chalma, mientras tanto el trío huapanguero alterna con la banda de viento tocando vinuetes, música antigua que se toca en estas solemnes ocasiones y en las honras fúnebres (pueden apreciarla en los videos), en el caso de los tríos es el violín el que lleva el ritmo. Mientras suena la música las mujeres bailan y la habitación se llena del humo del copal. Luego de que termina esta ceremonia, el mayordomo lleva en una canasta adornada al santo, lo acompañan las mujeres y se dirigen a lo alto del cerro en donde está el palo del volador, son varios metros de caminata, igualmente acompañada por la música de ambos conjuntos.

Ya en el cerro, lo que primero hace el mayordomo, los músicos y las mujeres es dar algunas vueltas al pie del palo del volador y nuevamente el chamán hace rezos ante un nuevo altar adonde permanecerá el Señor de Chalma por el resto del día. En los momentos siguiente irán llegando los hombres y niños disfrazados para continuar las festividades de Carnaval: charros, tilichudos, gorilas, gallos, carneros y otros animales, encapuchados, diablos con máscara de madera, niños que parecen adultos chiquitos, o enanos, o jorobados; estos bailadores acostumbran hacer ruido percutiendo pequeños tambores rústicos con una baqueta (que todavía se fabrican), suenan también gritos y aullidos. Toda la tarde y noche habrá comida y bebida, música y fuegos artificiales.

El palo volador

Para estas fiestas el palo del volador no tuvo danzantes, hace tiempo que ya nadie sabe bailar y descender acrobáticamente como los voladores de Papantla, en ocasiones han tenido que venir los cinco danzantes de otros lugares en Puebla o Veracruz. El palo del volador tiene un gran significado ritual para los otomíes, sobre todo es el puente entre el inframundo y el cielo, refleja las vueltas del calendario (4 hombres dan trece vueltas, lo cual da 52 que es el antiguo siglo mexicano), representa a los hombres que se vuelven águilas o dioses y es una ofrenda a la fertilidad. El ritual del palo del volador inicia cuando el grupo de pobladores acude al bosque a seleccionarlo y talarlo, para trasladarlo lo llenan de flores y lo ahúman de incienso y lo acompaña la música de un tamborcillo y flauta. Cuando el palo llega al lugar donde ha de colocarse, en el agujero echan un guajolote pequeño, una gallina, dos o tres palomas ligeramente emborrachadas con aguardiente, el palo es insertado y los animales mueren aplastados, finalmente el palo es acuñado para que no se caiga. La suerte de los animales es para evitar que alguno de los danzantes acróbatas caiga accidentalmente y a su vez un rito de fertiliadad. Los pobladores de El Mavodo nunca han pensado en ella para atraer al turismo, (Guerrero, 1986) y quizá, aunque no haya voladores, es importante que cuando menos exista el palo.


Para saber más acerca de las tradiciones de esta región, les recomiendo el libro: Otomíes y Tepehuas de la Sierra Oriental del Estado de Hidalgo de mi abuelo, el profesor Raúl Guerrero Guerrero (1986), en quien me inspiré y a quien agradezco muchos datos que explican esta crónica. Además pude comprobar que desde los años 80´s, cuando él hizo esta investigación, a estas fechas poco ha cambiado esta tradición.